Premio Nobel de Literatura 2020

Este año la Academia sueca ha premiado a la poeta estadounidense Louise Glück, también ganadora del premio Pulitzer en 1993, por “su inconfundible voz poética, que con austera belleza hace universal la existencia individual”. Entre sus obras publicadas encontramos:

  • “El iris salvaje” (Ed. al español 2006)
  • La diferencia entre Pepsi y Coca-Cola: antología de poesía norteamericana contemporánea. Traductor: Julio Mas Alcaraz. Editorial Vitruvio (2007).
  • .Ararat. Editorial Pre-textos (2008).
  • Poesía selecta. Caracas: Universidad Metropolitana, Colección Luna Nueva (2008). 
  • Las siete edades. Editorial Pre-textos (2011).
  • Averno. Editorial Pre-textos (2011).
  • Praderas. Editorial Pre-textos (2017).

Lee también: Poesía: David Gonzalez, Poesía: María Luisa Angarita, El arte en tiempo de pandemia, Por Carlos Trujillo

Poemas de Louise Glück traducidos al español por el poeta chileno Carlos Trujillo:

“Me parece que el deseo de hacer arte produce una experiencia continua de anhelo, una inquietud que a veces, pero no inevitablemente, se manifiesta romántica o sexualmente. Siempre parece algo por delante, el próximo poema o cuento, visible, al menos, comprensible, pero inalcanzable. Percibirlo por completo es ser perseguido por él; algún sonido, algún tono, se convierte en un tormento: el poema que encarna ese sonido parece existir en algún lugar ya terminado. Es como un faro, excepto que, cuando uno nada hacia él, él retrocede.” (En The Poets Laureate Anthology, W.W Norton and Company, 2010, p.85)

DÍA DE TODOS LOS SANTOS 

Hasta ahora este paisaje se sigue armando.

los campos han quedado

Las colinas se oscurecen. Los bueyes

duermen en su yugo azul,

limpios, las gavillas

en atados de tamaño uniforme y amontonadas entre las potentilla

al costado del camino, cuando sale la luna dentada:

Esta es la esterilidad

de la cosecha o la pestilencia.

Y la esposa se asoma por la ventana

con la mano extendida, como pagando,

y las distintas

semillas, doradas, llamando

Ven aquí

Ven aquí, pequeña

Y el alma se arrastra fuera del árbol.

LOS NIÑOS AHOGADOS

Tú lo ves, ellos no tienen juicio.

Así que es natural que se ahoguen

primero el hielo que los atrapa 

y luego, todo el invierno, sus bufandas de lana

flotando detrás de ellos mientras se hunden

hasta que por fin se callan.

Y el estanque los levanta con sus múltiples brazos oscuros.

Pero la muerte debe llegarles de manera diferente,

tan cerca del principio.

Como si siempre hubieran sido

ciegos e ingrávidos. Por lo tanto, 

el resto se sueña, la lámpara,

la buena tela blanca que cubría la mesa,

sus cuerpos.

Y, sin embargo, escuchan los nombres que usaron

como señuelos deslizándose sobre el estanque:

¿Qué están esperando

para volver a casa, para volver a casa, perdidos 

en las aguas, azules y permanentes?

A PRINCIPIOS DE DICIEMBRE EN CROTON-ON-HUDSON

El sol al máximo. El Hudson

Cubierto por el hielo.

Escucho el chasquido de los dados de hueso

De la grava revuelta. Pálida 

Como un hueso, la nieve reciente

Se adhiere al río como un pelaje.

Parada. El año pasado

Íbamos a entregar los regalos de Navidad cuando 

Se pinchó el neumático. Sobre los pistones muertos se alzaban

Los pinos botados por una tormenta, sus ramas desnudas. . .

Te deseo.

OLMOS

Todo el día traté de diferenciar

la necesidad del deseo. Ahora, en la oscuridad

sólo siento una amarga tristeza por nosotros,

los constructores, los cepilladores de madera,

porque he estado mirando

constantemente estos olmos

y he visto que el proceso que crea

el árbol inmóvil que se retuerce

es un tormento, y he entendido

que no creará más que formas retorcidas.

EL VASO VACÍO

Pedí mucho; recibí mucho.

Pedí mucho; recibí poco, no recibí

casi nada.

¿Y en medio de eso? Algunos paragüas se abrieron dentro de casa.

Un par de zapatos, por error, sobre la mesa de la cocina.

Oh, malo, malo– era mi naturaleza. yo tenía 

el corazón duro, distante. Era 

egoísta, rígida hasta el punto de la tiranía.

Pero siempre fui así, incluso en la primera infancia.

Pequeña, morena, temida por los otros niños.

Nunca cambié. Dentro del vaso, la abstracta 

marea de la fortuna pasó 

de arriba a abajo de la noche a la mañana.

¿Fue el mar, respondiendo, tal vez,

a la fuerza celestial? Para estar a salvo,

recé. Traté de ser una mejor persona.

Pronto me pareció que lo que empezó como terror

y, de hecho, maduró hasta volverse 

narcisismo moral, podría haberse convertido 

en verdadero crecimiento humano. Tal vez

esto es lo que querían decir mis amigos, tomándome la mano,

diciéndome que entendían

el abuso, la mierda increíble que acepté,

lo que implica (así lo pensé una vez) que estaba un poco enferma 

para dar tanto por tan poco.

Mientras ellos querían decir que yo era buena (estrechando mi mano intensamente) –

una buena amiga y una buena persona, no una criatura patética.

¡No era patética! Estaba escrito en grande

como una reina o una santa.

Bueno, todo eso da lugar a una conjetura interesante.

Y se me ocurre que lo crucial es creer

en el esfuerzo, creer que algo bueno vendrá simplemente por intentarlo,

un bien completamente incontaminado del corrupto impulso inicial 

de persuadir o seducir–

¿Qué somos sin esto?

Girando en el universo oscuro

solos, asustados, incapaces de influir en el destino–

¿Qué tenemos realmente?

Trucos tristes con escaleras y zapatos,

trucos con sal, intentos recurrentes de motivación 

impura para construir el carácter.

¿Qué tenemos para apaciguar a las grandes fuerzas?

Y creo que al final esta fue la pregunta

que destruyó a Agamenón, allá en la playa,

los barcos griegos listos, el mar

invisible más allá del puerto sereno, el futuro

letal, inestable: fue un tonto, pensando

que podría ser controlado. Debería haber dicho

No tengo nada, estoy a tu merced.

FIN DEL INVIERNO

Sobre el mundo inmóvil, un pájaro canta

Despertando solitario entre las ramas negras.

Tú querías nacer; yo te dejo nacer

¿Cuándo mi dolor se interpuso

en tu camino de placer?

Sumergiéndonos 

en la oscuridad y la luz al mismo tiempo

ávido de sensaciones

como si fueras una cosa nueva, queriendo

expresarse

todo brillo, todo vivacidad

sin pensar nunca 

que esto te costaría algo,

sin nunca imaginar el sonido de mi voz

como algo que no fuera parte de ti–

no lo oirás en el otro mundo,

no con claridad otra vez,

ni en el canto de un pájaro ni en un grito humano

ni en el sonido claro, sólo

en el eco persistente

en todo sonido que significa adiós, adiós– 

la única línea continua

que nos une el uno al otro.

LA NARANJA FALSA 

No es la luna, te digo.

Son estas flores

Las que iluminan el patio.

Las odio.

Las odio como odio el sexo, 

la boca del hombre

sellando mi boca, el cuerpo 

paralizante del hombre–  

y el grito que siempre se escapa,

la baja y humillante

premisa de la unión—

En mi mente, esta noche, 

Escucho la pregunta y la respuesta

que la sigue fusionadas en un solo sonido

que aumenta y aumenta y luego

se divide en los viejos yoes,

los cansados ​​antagonismos. ¿Lo ves?

Nos pusieron en ridículo.

Y el aroma de naranja falsa

se filtra por la ventana.

¿Cómo descansar?

¿Cómo estar contenta 

cuando todavía hay 

ese olor en el mundo?

PARÁBOLA DE LOS REHENES

Los griegos están sentados en la playa

preguntándose qué hacer cuando termine la guerra. Nadie 

quiere volver a casa, volver

a esa isla huesuda; todos quieren un poco más

de lo que hay en Troya, más

vida al límite, esa sensación de que cada día está 

lleno de sorpresas. Pero, ¿cómo explicar esto

a quienes están en casa, para quienes 

librar una guerra es una plausible

excusa para la ausencia, mientras que

explorar la capacidad de diversión 

no lo es. Bueno, esto se puede enfrentar

más tarde; estos

son hombres de acción, dispuestos a dejar 

esa percepción en las mujeres y los niños.

Pensando bajo el sol ardiente, complacidos 

por una nueva fuerza en sus antebrazos, que parecen

más dorados que en casa, algunos

empiezan a extrañar un poco a sus familias,

a extrañar a sus esposas, a querer ver

si la guerra los ha envejecido. Y algunos se inquietan 

un poco: ¿y si la guerra

es sólo una versión masculina de vestirse elegante,

un juego ideado para evitar

profundas preguntas espirituales? Ah,

pero no era sólo la guerra. El mundo había empezado

a llamarlos, una ópera que empezaba con los fuertes 

acordes de la guerra y terminaba con el aria flotante de las sirenas.

Allí en la playa, discutiendo los distintos

horarios para llegar a casa, nadie creía

que pudiera llevar diez años volver a Ítaca;

nadie previó esa década de dilemas insolubles, oh, incontestable

aflicción del corazón humano: ¿cómo dividir

la belleza del mundo en amores

aceptables e inaceptables? En las costas de Troya,

cómo podían saber los griegos

que ya eran rehenes: quien retrasa 

una vez el viaje 

ya está cautivado; ¿cómo iban a saber

que de su pequeño número

algunos quedarían retenidos para siempre por los sueños de placer,

otros por el sueño y otros por la música?

PARÁBOLA DE LOS CISNES

En un pequeño lago fuera 

del mapa del mundo, vivían 

dos cisnes. Como cisnes

pasaban el ochenta por ciento del día estudiándose

a sí mismos en el agua atenta y

el veinte por ciento cuidando al amado. 

De este modo, 

su fama como amantes nace

principalmente del narcisismo, que deja

tan poco tiempo libre para

un crucero más general. Pero

el destino tenía otros planes: después de diez años, se toparon

con las aguas viscosas; fuera cual fuera la suciedad,

se adhirió al plumaje del macho, que al instante

se volvió gris; simultáneamente,

se reveló el verdadero propósito 

del diseño flexible de su cuello. Tanta

acción en el monótono lago, ¡tanto 

que se ha perdido! Tarde o temprano en una larga 

vida juntos, cada pareja se encuentra

con una emergencia como ésta, un 

drama que lo arruina

todo. Esto

ocurre por una razón: poner a prueba 

el amor y exigir

una nueva expresión de sus complejos términos.

Entonces salió a la luz que el macho y la hembra

volaban bajo estandartes diferentes: mientras 

el macho creía que el amor

era lo que uno sentía en el corazón, 

la hembra creía 

que el amor era lo que uno hacía. Pero esta no es

una pequeña historia sobre la intrínseca  

corrupción del macho, usando como evidencia la sórdida 

definición de pureza del cisne. Es 

una historia de astucia e inocencia. Durante diez años

la hembra estudió al macho; se entretuvo

cuando él dormía o cuando estaba

convenientemente concentrado en el agua,

mientras que el macho espontáneo

actuaba con indiferencia, según  

el antojo del momento. En el agua fangosa

discutieron un rato, en la luz que se desvanecía,

hasta que la disputa se volvió 

gradualmente abstracta, convirtiéndose

poco después

en parte de su canto.

LA HABLANTE INDIGNA DE CONFIANZA

No me escuchen porque mi corazón está destrozado.

No veo nada objetivamente.

Me conozco. He aprendido a oír igual que un psiquiatra.

Cuando hablo con pasión

es cuando menos deben confiar en mí.

De verdad, es muy triste: toda mi vida me han elogiado

por mi inteligencia, mi habilidad con el lenguaje, mi perspicacia.

Al final, todo es desaprovechado–  

Nunca me veo a mí misma

de pie en los escalones de la entrada, sosteniendo la mano de mi hermana.

Por eso no puedo darme cuenta

de los moretones en su brazo, allí donde termina la manga.

En mi propia mente, soy invisible: por eso soy peligrosa.

La gente como yo, que parece desinteresada,

somos los lisiados, los mentirosos;

somos nosotros los que deberíamos ser excluidos 

del interés por la verdad.

Cuando estoy callada, es cuando aflora la verdad.

Un cielo despejado, las nubes como fibras blancas.

Debajo, una casita gris, las azaleas

rojas y rosado brillante.

Si quieres la verdad tienes que acercarte

a la hija mayor, bloquearla:

cuando un ser vivo es lastimado de ese modo,

en sus mecanismos más profundos,

toda función se altera.

Por eso no se puede confiar en mí.

Porque una herida en el corazón

es también es una herida en la mente.

LA CANCIÓN DE PENÉLOPE

Alma pequeña, pequeña perpetuamente desnuda,

Haz ahora lo que te pido, trepa 

Por las ramas del abeto, que parecen repisas;

Espera arriba, atenta, como

Una centinela o una vigía. Pronto estará en casa; 

Te conviene ser

Generosa. Tú tampoco has sido completamente

Perfecta; con tu cuerpo fastidioso

Has hecho cosas que no deberías. 

Decir en los poemas. Por tanto

Llámalo sobre el mar abierto, sobre el agua 

Clara 

Con tu canción oscura, con tu agarre

Canción avara y antinatural,

Como Maria Callas. 

¿Quién no te querría? ¿De quién es el apetito más demoníaco

Que podrías dejar de responder? Pronto

Regresará de dondequiera que vaya   

Mientras tanto,

Bronceado por su tiempo fuera, deseando

Su pollo a la parrilla. Ah, debes saludarlo, 

Debes sacudir las ramas del árbol

Para llamar su atención, 

Pero con cuidado, con cuidado, no sea

Que su hermoso rostro se estropeae  

Por la caída de demasiadas agujas.

EL MITO DE LA INOCENCIA

Un verano, ella sale al campo como de costumbre

y se detiene un rato en la piscina donde a menudo

se mira para ver

si detecta algún cambio. Ve

la misma persona, la horrible túnica 

de hija todavía aferrándose a ella.

En el agua, el sol parece muy cercano.

Ese es mi tío espiando de nuevo, piensa ella– 

todo en la naturaleza de alguna manera es su pariente.

Nunca estoy sola, piensa ella,

convirtiendo el pensamiento en una oración.

Entonces aparece la muerte, como la respuesta a una oración.

Ya nadie entiende

lo hermoso que era. Pero Perséfone recuerda 

que también la abrazó ahí mismo,

con su tío mirando. Recuerda

la luz del sol parpadeando en sus brazos desnudos.

Este es el último momento que recuerda claramente.

Entonces el oscuro dios se la llevó.

También recuerda, aunque con menos claridad,

la escalofriante percepción de que a partir de ese momento

no podría volver a vivir sin él.

La niña que desaparece de la piscina

no volverá nunca. Volverá una mujer 

buscando a la chica que fue.

Se para al lado de la piscina diciendo, de vez en cuando, 

me secuestraron, pero le suena

mal, nada que ver con lo que sentía.

Luego dice, no me secuestraron.

Y después dice: yo me ofrecí, quería 

escapar de mi cuerpo. Incluso, a veces,

deseé esto. Pero la ignorancia

no puede desear el conocimiento. La ignorancia

desea algo imaginario, que ella cree que existe.

Todos los diferentes sustantivos– 

ella los dice en rotación.

Muerte, esposo, dios, extraño.

Todo suena tan simple, tan convencional.

Debo haber sido una chica sencilla, piensa ella,

Ella no puede recordarse como esa persona

pero sigue pensando que la piscina la recordará

y le explicará el significado de su oración

para que pueda entender

si fue respondida.

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