Estrecho de Magallanes: 500 años de un espacio resignificado

Por Carolina Yancovic

Es difícil ser testigo de la inauguración de Circunnavegación, monumento que conmemora los quinientos años del paso de Hernando de Magallanes por la Patagonia, sin pensar en lo que ese acto de memoria deja deliberadamente en la penumbra. En palabras de su autor, Francisco Gacitúa, a el medio online El magallánico “la escultura es una metáfora del globo terráqueo cuyo eje coincide con el mástil mayor de esta nave, que se inclina del mismo modo en 23 grados. El corazón de esta escultura representa un buque: la Nao Victoria. Los círculos de acero que lo contienen, muestran su itinerario, su viaje de circunnavegación de rumbo fijo hacia el oeste, finalmente su llegada gracias a su tripulación heroica después de 2 años a su punto de partida, cargado de una gran verdad: La redondez de la tierra” (8 Agosto 2020). Este monumento, una celebración a la proeza de Magallanes y la Nao Victoria, oculta bajo sus fierros el profundo impacto que tendría más tarde la llegada del hombre europeo en las etnias de la Patagonia.  

Foto de Circunnavegación de Francisco Gacitua

Si bien la hazaña de Hernando de Magallanes constituye un gran avance para el hombre de la época, también significa el fin de un modo de vida para los habitantes de Tierra del fuego y sus alrededores. Debido a las condiciones climáticas adversas y el constante fracaso de las múltiples expediciones a la Patagonia, no veríamos un intento definitivo de colonización del territorio hasta casi mediados del siglo XIX, con la llegada de la Goleta Ancud. A partir de ese momento, los habitantes originales del territorio fueron víctimas de una violencia sistemática, que aún existe con la invisibilización de nuestras etnias en la actualidad, y que derivó del discurso ideológico de expansión económica capitalista. Múltiples serían los enfrentamientos entre indígenas y colonos por la permanencia y control del territorio, siendo sus habitantes originales asesinados bajo la protección del discurso ideológico de la civilización y salvación de sus almas. Es importante mencionar el esfuerzo indígena por hacer resistencia legítima a los colonos europeos.

Una de las razones que esgrimieron los colonos como argumento para la continua caza de, por ejemplo, el pueblo Selk’nam, fue la idea de que los indígenas eran salvajes y violentos y que por lo tanto, constituían un peligro para la convivencia entre ambos grupos y de la actividad económica en la región. Sin embargo, Martín Gusinde en sus crónicas de 1919, denunciaba la violencia con la que los indígenas fueron diezmados: “A partir del año ochenta del pasado siglo, se habían esparcido por los poco escrupulosos estancieros y buscadores de oro, una serie de noticias tendenciosas acerca de los fueguinos, con las que querían justificar como legítima defensa sus actos criminales y premeditadas matanzas contra los “peligrosos salvajes” (14). También el historiador español José Luis Alonso Marchante en su libro Menendez, Rey de la Patagonia (2014) denuncia los atropellos de los colonos hacia el pueblo selknam: “Los abusos contra las sociedades indígenas del extremo más austral del continente americano continuarán con cada vez más violencia desde el último cuarto del siglo XIX, a medida que la presencia del hombre blanco en su territorio se hizo más constante” (72). Estas historias prejuiciosas son aún parte del discurso hegemónico contemporáneo. Un ejemplo es la intervención que hace Mateo Martinic en su Breve Historia de Magallanes (2004) donde señala a los Selknam como un pueblo “de índole belicosa” (25). Estas descripciones problemáticas obedecen a un discurso de invisibilización de los pueblos originarios, donde el discurso dominante se inclina más a la retórica del exterminio y subsecuente desaparición de las etnias de la Patagonia. Estos discursos son tan potentes que incluso sobreviven en esfuerzos de reivindicación de los pueblos originarios. Un ejemplo, que si bien no pretendo criticar de la misma forma que lo hago con Martinic (2004), ya que la intención del autor es denunciar los atropellos a las etnias patagonicas, es la explicación que da Alonso Marchante sobre el destino final de los pueblos de la Patagonia: “El final de este encuentro fue trágico para los nativos, que varias décadas después serían totalmente exterminados, asesinados por colonizadores o muertos por las enfermedades que estos les contagiaron” (72). Y que corrige en su publicación posterior Selknam: Genocidio y resistencia (2019).

Sin embargo, aún cuando se insiste en la invisibilización de los pueblos indígenas, existen discursos de resistencia a manos de las numerosas comunidades indígenas de la Patagonia que luchan por recuperar el lugar que les ha sido quitado de nuestra sociedad. Es imperante revisitar, reinterpretar y reescribir la historia para que no la aprendamos desde una mirada eurocentrista, sino desde el lugar de nuestra pertenencia. 

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